1 Juan 5Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1TODO aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios: y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es nacido de él.
2En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.
3Porque este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son penosos.
4Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.
5Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
6Este es Jesucristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio: porque el Espíritu es la verdad.
7Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno.
8Y tres son los que dan testimonio en la tierra, el Espíritu, y el agua, y la sangre: y estos tres concuerdan en uno.
9Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque este es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo.
10El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.
11Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
12El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.
13Estas cosas he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.
14Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.
15Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado.
16Si alguno viere cometer a su hermano pecado no de muerte, demandará, y se le dará vida; digo a los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que ruegue.
17Toda maldad es pecado; mas hay pecado no de muerte.
18Sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda a sí mismo, y el maligno no le toca.
19Sabemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en maldad.
20Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero: y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.
21Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
Sobre 1 Juan 5
¿Qué pasa aquí?
Juan une la fe y el amor: creer que Jesús es el Hijo de Dios es la raíz de la que crecen la obediencia y el amor por los hermanos. Reúne testigos de la identidad de Cristo, el agua, la sangre y el Espíritu, y luego expone el propósito central de su carta: que los creyentes sepan que tienen vida eterna. El capítulo termina con enseñanza sobre la oración intercesora, el pecado de muerte y una advertencia final, abrupta, contra los ídolos.
¿La idea principal?
La fe en Jesús como Hijo de Dios es la victoria que vence al mundo. La seguridad de la vida eterna no es presunción, sino una confianza legítima y querida por Dios para quienes creen.
Una línea para recordar
12: "El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida." Juan reduce toda la vida eterna a una sola realidad de relación: tener al Hijo. Así, la cuestión de la vida o la muerte pasa a ser una cuestión de la relación de cada uno con Cristo, no de su desempeño moral.
El contexto
La carta casi termina. La congregación ha sido advertida, instruida y amada. Ahora Juan traza la línea: tienes al Hijo, tienes la vida. El último versículo es escueto y sorprendente: "Hijitos, guardaos de los ídolos". Sin explicación. En una ciudad romana rodeada de templos, la instrucción no la necesitaba.
¿Quién aparece?
Los tres testigos, el Espíritu, el agua y la sangre, son teológicos más que personales, y apuntan al bautismo y a la muerte de Cristo. Juan escribe como autor que estuvo presente en esos hechos y ancla su testimonio en la experiencia directa.
Por qué importa
La carta se escribió en parte para que los lectores dejaran de preguntarse si tenían vida eterna y empezaran a saberlo. Esa seguridad pastoral va contra la falsa seguridad (los anticristos que negaban la necesidad de Cristo) y contra la falsa inseguridad (creyentes paralizados por la duda). Los tres testigos responden además a la separación protognóstica entre el Cristo divino y el Jesús humano, e insisten en que el Hijo vino por agua y por sangre, no solo en espíritu.
Para cuando sientes...
El capítulo tiene una confianza asentada y tranquila. Juan ya no está argumentando. Está declarando. La expresión "sabemos" aparece varias veces en los versículos finales, un ritmo de certeza que Juan quiere que sus lectores hagan suyo.