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1 Juan 4
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1 Juan 4Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1AMADOS, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios: porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

2En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios:

3Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo es venido en carne, no es de Dios: y este es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo.

4Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo.

5Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye.

6Nosotros somos de Dios: el que conoce a Dios, nos oye: el que no es de Dios, no nos oye. Por esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.

7Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

8El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor.

9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

10En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

11Amados, si Dios así nos ha amado, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

12Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros:

13En esto conocemos que estamos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

14Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo.

15Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios.

16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él.

17En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

18En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor.

19Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

20Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿ cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

21Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

Sobre 1 Juan 4

¿Qué pasa aquí?

Juan aborda el problema de las afirmaciones espirituales que compiten entre sí con una prueba doctrinal: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios. Luego pasa al punto culminante del capítulo, una meditación sostenida sobre la naturaleza de Dios como amor. Porque Dios amó primero y envió a su Hijo como sacrificio, los creyentes son llamados a amarse unos a otros. El amor perfecto desplaza al temor, y amar a un Dios que no se ve exige un amor visible por el hermano que sí se ve.

¿La idea principal?

Dios es amor. Su iniciativa al enviar a Cristo define qué significa amar, y esa definición se vuelve a la vez la norma y la fuerza para el trato entre los creyentes.

Una línea para recordar

18: "En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor: porque el temor tiene pena. De donde el que teme, no está perfecto en el amor." Juan presenta el amor y el temor como orientaciones que se excluyen: un corazón perfeccionado en el amor del Padre ya no tiene lugar para el pavor ansioso que marca una relación con Dios no reconciliada.

El contexto

Es tarde en la noche, la carta se lee en voz alta, y la congregación ya ha oído sobre pruebas, anticristos y obligaciones morales. Entonces el lector llega al versículo 7 y el tono cambia: "Carísimos, amémonos unos a otros". La palabra "carísimos" aparece tres veces en este capítulo. Juan no está dando una lección. Es un anciano que les dice a personas que ama algo que sabe que es verdad.

¿Quién aparece?

No aparecen personajes humanos. El capítulo se centra en las personas de Dios Padre y del Hijo, en el Espíritu como testigo que confirma en los creyentes, y en los falsos profetas a quienes la prueba doctrinal deja al descubierto.

Por qué importa

La declaración "Dios es amor" (versículos 8 y 16) no es un sentimiento blando. En su contexto es una afirmación polémica contra los maestros protognósticos, que habían construido un Dios por encima de todo contacto con lo físico y, por tanto, por encima de la entrega de sí mismo. Juan responde: la naturaleza de Dios se define por la encarnación y la cruz, no por una trascendencia abstracta.

Para cuando sientes...

Este capítulo se lee como el corazón de la carta. El lenguaje sobre el temor es pastoral y preciso: Juan sabe que sus lectores cargan ansiedad, tal vez por el juicio final, tal vez por su propia posición. Su respuesta no es una orden de dejar de tener miedo, sino una invitación a experimentar más hondo un amor que desplaza el temor de forma natural.