1 Juan 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1HIJITOS míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo;
2Y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
3Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos.
4El que dice, Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él;
5Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él.
6El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.
7Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.
8Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros; porque las tinieblas son pasadas, y la verdadera luz ya alumbra.
9El que dice que está en luz, y aborrece a su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía.
10El que ama a su hermano, está en luz, y no hay tropiezo en él.
11Mas el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a donde va; porque las tinieblas le han cegado los ojos.
12Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os son perdonados por su nombre.
13Os escribo a vosotros, padres, porque habéis conocido a aquel que es desde el principio. Os escribo a vosotros, mancebos, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.
14Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, mancebos, porque sois fuertes, y la palabra de Dios mora en vosotros, y habéis vencido al maligno.
15No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
16Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo.
17Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre.
18Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo.
19Salieron de nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que todos no son de nosotros.
20Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
21No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como a los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad.
22Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo.
23Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre.
24Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre.
25Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, la vida eterna.
26Os he escrito esto sobre los que os engañan.
27Pero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros, y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseveraréis en él.
28Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida.
29Si sabéis que él es justo, sabed también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.
Sobre 1 Juan 2
¿Qué pasa aquí?
Juan llama a la iglesia a la obediencia como prueba de que conoce a Dios, presenta el amor a los hermanos como el mandamiento nuevo y antiguo a la vez, y advierte contra el amor al mundo. Se dirige a la congregación en tres generaciones y luego nombra a los anticristos: maestros que niegan que Jesús es el Cristo. Asegura a sus lectores que ya tienen la unción del Espíritu y que no tienen por qué ser engañados.
¿La idea principal?
El conocimiento verdadero de Dios se nota en la obediencia y el amor. Quienes dicen conocerlo mientras aborrecen a sus hermanos o niegan a su Hijo, sencillamente mienten.
Una línea para recordar
15: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él." Juan plantea el deseo como una cuestión de lealtad: dividir el afecto entre el mundo y el Padre no es neutralidad, sino desplazar el amor lejos de Dios.
El contexto
Una congregación inquieta por las partidas. Algunos de sus maestros se han ido y difunden una doctrina que separa a Jesús del Cristo. Llega la carta de Juan y se lee en voz alta. Cuando nombra a los anticristos y dice "salieron de nosotros, mas no eran de nosotros", es probable que la sala respire aliviada. Les está diciendo que la ruptura no fue un fracaso. Fue una revelación.
¿Quién aparece?
Juan se dirige a tres grupos que se superponen, como estrategia pastoral: los hijitos (creyentes nuevos o espiritualmente jóvenes), los padres (quienes tienen un conocimiento de Dios profundo y asentado) y los jóvenes (quienes han resistido activamente al enemigo). Los anticristos son antiguos miembros de la comunidad que se apartaron.
Por qué importa
La salida de los falsos maestros no se presenta como una crisis de fe, sino como un hecho que aclara las cosas. Los que de verdad pertenecen, permanecen. Dirigirse a los lectores por generaciones espirituales era poco común en las cartas antiguas, y subraya un cuidado pastoral por toda la congregación, no solo por la crisis del momento.
Para cuando sientes...
El capítulo alterna entre la calidez y la advertencia. Juan llama a sus lectores "hijitos" con un afecto evidente, y luego pasa a un lenguaje cortante sobre mentirosos y anticristos. El amor que hay debajo de la severidad es inconfundible.