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1 Juan 1
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1 Juan 1Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1LO que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida;

2Porque la vida fue manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;)

3Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

4Y estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.

5Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas.

6Si nosotros dijéremos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no hacemos la verdad;

7Mas si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión entre nosotros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.

8Si dijéremos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros.

9Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.

10Si dijéremos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Sobre 1 Juan 1

¿Qué pasa aquí?

Juan abre su carta apoyándose en un testimonio de primera mano: ha visto, oído y tocado al Verbo de vida. El propósito es la comunión con Dios y de unos con otros. Presenta la metáfora fundamental de la luz frente a las tinieblas, confronta el engaño de uno mismo acerca del pecado y ofrece la promesa de limpieza por medio de una confesión honesta.

¿La idea principal?

Andar en la luz de Dios significa hacer cuentas honestas con el pecado, no negarlo. La confesión abre la puerta al perdón y a la comunión restaurada.

Una línea para recordar

9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad." Este es el primer versículo ancla de la carta, y establece que el acceso a la limpieza de Dios depende de una confesión honesta y concreta, no de una actuación religiosa.

El contexto

Imagina una habitación iluminada por lámparas de aceite y un apóstol anciano dictando a un escriba. Afuera circulan maestros que afirman que el cuerpo no importa y que los creyentes ya han dejado atrás el pecado. Las primeras palabras de Juan son casi físicas en su insistencia: lo tocamos, lo oímos, lo vimos. La carta no comienza como teología, sino como testimonio.

¿Quién aparece?

El apóstol Juan escribe como testigo ocular de Jesús, ya anciano. No se nombra a nadie más, pero el público implícito es una congregación presionada por maestros que negaban la realidad del pecado y la encarnación física.

Por qué importa

Escrito hacia el final del primer siglo, este capítulo inicial responde a ideas protognósticas según las cuales la materia es mala y el pecado no importa. Juan insiste en que la encarnación fue física y comprobable, y en que reconocer honestamente el pecado no es debilidad, sino el camino hacia una comunión real con un Dios santo.

Para cuando sientes...

Hay aquí una urgencia callada, la de un anciano que desea con desesperación que sus hijos no sean engañados. El capítulo lleva a la vez calidez hacia sus lectores y una negativa firme a suavizar las verdades duras.