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1 Crónicas 29
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1 Crónicas 29Reina Valera 1909 · Biblia en audio

1DESPUÉS dijo el rey David a toda la asamblea: A solo Salomón mi hijo ha elegido Dios; él es joven y tierno, y la obra grande; porque la casa no es para hombre, sino para Jehová Dios.

2Yo empero con todas mis fuerzas he preparado para la casa de mi Dios, oro para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y metal para las de metal, y hierro para las de hierro, y madera para las de madera, y piedras oniquinas, y piedras preciosas, y piedras negras, y piedras de diversos colores, y toda suerte de piedras preciosas, y piedras de mármol en abundancia.

3A más de esto, por cuanto tengo mi gusto en la casa de mi Dios, yo guardo en mi tesoro particular oro y plata que, además de todas las cosas que he aprestado para la casa del santuario, he dado para la casa de mi Dios;

4A saber, tres mil talentos de oro, de oro de Ofir, y siete mil talentos de plata afinada para cubrir las paredes de las casas:

5Oro pues para las cosas de oro, y plata para las cosas de plata, y para toda la obra de manos de los oficiales. ¿ Y quién quiere hacer hoy ofrenda a Jehová?

6Entonces los príncipes de las familias, y los príncipes de las tribus de Israel, tribunos y centuriones, con los superintendentes de la hacienda del rey, ofrecieron de su voluntad;

7Y dieron para el servicio de la casa de Dios cinco mil talentos de oro y diez mil sueldos, y diez mil talentos de plata, y dieciocho mil talentos de metal, y cinco mil talentos de hierro.

8Y todo el que se halló con piedras preciosas, diólas para el tesoro de la casa de Jehová, en mano de Jehiel Gersonita.

9Y holgóse el pueblo de haber contribuído de su voluntad; porque con entero corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente.

10Asimismo holgóse mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, de uno a otro siglo.

11oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza.

12Las riquezas y la gloria están delante de ti, y tú señoreas a todos: y en tu mano está la potencia y la fortaleza, y en tu mano la grandeza y fuerza de todas las cosas.

13Ahora pues, Dios nuestro, nosotros te confesamos, y loamos tu glorioso nombre.

14Porque ¿ quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos.

15Porque nosotros, extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días cual sombra sobre la tierra, y no dan espera.

16Oh Jehová Dios nuestro, toda esta abundancia que hemos aprestado para edificar casa a tu santo nombre, de tu mano es, y todo es tuyo.

17Yo sé, Dios mío, que tú escudriñas los corazones, y que la rectitud te agrada: por eso yo con rectitud de mi corazón voluntariamente te he ofrecido todo esto, y ahora he visto con alegría que tu pueblo, que aquí se ha hallado ahora, ha dado para ti espontáneamente.

18Jehová, Dios de Abraham, de Isaac, y de Israel, nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti.

19Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho el apresto.

20Después dijo David a toda la congregación: Bendecid ahora a Jehová vuestro Dios. Entonces toda la congregación bendijo a Jehová Dios de sus padres, e inclinándose adoraron delante de Jehová, y del rey.

21Y sacrificaron víctimas a Jehová, y ofrecieron a Jehová holocaustos el día siguiente, mil becerros, mil carneros, mil corderos con sus libaciones, y muchos sacrificios por todo Israel.

22Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron la segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ungiéronlo a Jehová por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

23Y sentóse Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y obedecióle todo Israel.

24Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón.

25Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a los ojos de todo Israel, y dióle gloria del reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel.

26Así reinó David hijo de Isaí sobre todo Israel.

27Y el tiempo que reinó sobre Israel fue cuarenta años. Siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres reinó en Jerusalem.

28Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas, y de gloria: y reinó en su lugar Salomón su hijo.

29Y los hechos del rey David, primeros y postreros, están escritos en el libro de las crónicas de Samuel vidente, y en las crónicas del profeta Natán, y en las crónicas de Gad vidente,

30Con todo lo relativo a su reinado, y su poder, y los tiempos que pasaron sobre él, y sobre Israel, y sobre todos los reinos de aquellas tierras.

Sobre 1 Crónicas 29

¿Qué pasa aquí?

David pide ofrendas voluntarias para el templo. Los líderes y el pueblo dan con una generosidad extraordinaria: oro, plata, bronce, hierro y piedras preciosas. David encabeza con una gran oración de alabanza, reconociendo que todo lo dado vino primero de la mano de Dios. Salomón es proclamado rey otra vez con gran ceremonia. David muere lleno de días, habiendo hecho lo que se le encomendó.

¿La idea principal?

La generosidad hacia la casa de Dios nace de reconocer que todo lo que das ya era suyo; la respuesta adecuada a ese reconocimiento no es la resistencia sino la alegría.

Una línea para recordar

14: "Porque ¿ quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer de nuestra voluntad cosas semejantes? porque todo es tuyo, y lo recibido de tu mano te damos." La oración de David borra la distancia entre el que da y el don: siempre fue de Dios.

El contexto

Tres mil talentos de oro, solo de David. Luego dan los líderes. Luego da el pueblo. La sala se llena de ofrendas voluntarias dadas de todo corazón. David se pone de pie ante todos y ora: ¿quiénes somos para dar así? Todo vino de ti. Te devolvemos lo que siempre fue tuyo. El Cronista termina aquí su retrato de David, no en un campo de batalla ni en un lecho de muerte, sino de rodillas, lleno de días y lleno de gratitud.

¿Quién aparece?

David, que encabeza la ofrenda y la oración; el pueblo y los líderes, que dan de buena voluntad y con alegría; Salomón, confirmado como rey ante toda la asamblea; Sadoc, ungido como sacerdote junto a Salomón.

Por qué importa

Crónicas cierra el relato de David no con la muerte, sino con adoración, generosidad y sucesión. La escena final es una comunidad que da con alegría y un rey que ora con humildad. Para los lectores posteriores al exilio, que también hacían ofrendas sacrificadas para reconstruir el templo, este capítulo era un espejo directo: tu ofrenda participa en lo que David empezó.

Para cuando sientes...

Para cuando quieres dar pero sientes que tu ofrenda es demasiado pequeña frente al tamaño de lo que hay que edificar. La comunidad de David dio lo que tenía, y el texto dice que se alegraron de hacerlo.