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Oseas 2
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Oseas 2Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1DECID a vuestros hermanos, Ammi, y a vuestras hermanas, Ruhama:

2Pleitead con vuestra madre, pleitead; porque ella no es mi mujer, ni yo su marido; quite pues sus fornicaciones de su rostro, y sus adulterios de entre sus pechos;

3No sea que yo la despoje desnuda, y la haga tornar como el día en que nació, y la ponga como un desierto, y la deje como tierra seca, y la mate de sed.

4Ni tendré misericordia de sus hijos: porque son hijos de fornicaciones.

5Porque su madre fornicó; la que los engendró fue avergonzada; porque dijo: Iré tras mis amantes, que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mi bebida.

6Por tanto, he aquí yo cerco tu camino con espinas, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos.

7Y seguirá sus amantes, y no los alcanzará; buscarálos, y no los hallará. Entonces dirá: Iré, y volveréme a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora.

8Y ella no reconoció que yo le daba el trigo, y el vino, y el aceite, y que les multipliqué la plata y el oro con que hicieron a Baal.

9Por tanto yo tornaré, y tomaré mi trigo a su tiempo, y mi vino a su sazón, y quitaré mi lana y mi lino que había dado para cubrir su desnudez.

10Y ahora descubriré yo su locura delante de los ojos de sus amantes, y nadie la librará de mi mano.

11Y haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus sábados, y todas sus festividades.

12Y haré talar sus vides y sus higueras, de que ha dicho: Mi salario me son, que me han dado mis amantes. Y reducirélas a un matorral, y las comerán las bestias del campo.

13Y visitaré sobre ella los tiempos de los Baales, a los cuales incensaba, y adornábase de sus zarcillos y de sus joyeles, e íbase tras sus amantes olvidada de mí, dice Jehová.

14Empero he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.

15Y daréle sus viñas desde allí, y el valle de Acor por puerta de esperanza; y allí cantará como en los tiempos de su juventud, y como en el día de su subida de la tierra de Egipto.

16Y será que en aquel tiempo, dice Jehová, me llamarás Marido mío, y nunca más me llamarás Baali.

17Porque quitaré de su boca los nombres de los Baales, y nunca más serán mentados por sus nombres.

18Y haré por ellos concierto en aquel tiempo con las bestias del campo, y con las aves del cielo, y con las serpientes de la tierra: y quebraré arco, y espada, y batalla de la tierra, y harélos dormir seguros.

19Y te desposaré conmigo para siempre; desposarte he conmigo en justicia, y juicio, y misericordia, y miseraciones.

20Y te desposaré conmigo en fe, y conocerás a Jehová.

21Y será que en aquel tiempo responderé, dice Jehová, yo responderé a los cielos, y ellos responderán a la tierra;

22Y la tierra responderá al trigo, y al vino, y al aceite, y ellos responderán a Jezreel.

23Y sembraréla para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama: y diré a Lo-ami: Pueblo mío tú; y él dirá: Dios mío.

Sobre Oseas 2

¿Qué pasa aquí?

Dios habla como un esposo despreciado cuya mujer ha ido tras otros amantes. Le quitará el trigo, el vino, la lana y el lino para mostrarle que él, y no Baal, siempre fue la fuente. Luego, de manera asombrosa, promete atraerla de nuevo al desierto, hablarle al corazón y desposarla otra vez en justicia, misericordia y fidelidad para siempre.

¿La idea principal?

Dios dejará que los ídolos de Israel le fallen por completo, y luego la cortejará de nuevo en el desierto hasta que ella lo llame Marido en lugar de Señor.

Una línea para recordar

14: "Empero he aquí, yo la induciré, y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón." El desierto que dejó a Israel desnudo en el Sinaí se vuelve el lugar donde Dios la corteja otra vez, vulnerable y sola.

El contexto

Oseas pronuncia estas palabras mientras los santuarios de Baal en el norte funcionan a toda marcha, con incienso subiendo en cada colina y sacerdotes que aseguran al pueblo que las cosechas vienen de los dioses de Canaán. La economía agrícola prosperaba, y eso facilitaba atribuir a Baal lo que Dios había provisto.

¿Quién aparece?

Dios es el esposo ofendido que pasa de la acusación a la búsqueda apasionada en un solo capítulo. Israel es la esposa sin nombre que atribuyó a Baal las cosechas que Dios le dio. Los hijos del matrimonio son a la vez testigos y los futuros herederos de la restauración.

Por qué importa

Este capítulo ofrece el retrato más íntimo del dolor divino en todo el Antiguo Testamento. Dios no es un juez lejano que dicta edictos; es un esposo que recuerda la luna de miel, llora lo perdido y se niega a que la historia termine en divorcio. La promesa final de desposorio de los versículos 19 y 20 se cita en las ceremonias de boda judías hasta el día de hoy.

Para cuando sientes...

El giro del juicio al cortejo es repentino y abrumador, como ver a alguien que estaba a punto de irse darse la vuelta y extender la mano. El dolor de Dios es inconfundible, y también su negativa a rendirse.