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Mateo 25
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Mateo 25Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1ENTONCES el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.

2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.

3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;

4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.

5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.

6Y a la media noche fue oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid a recibirle.

7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.

8Y las fatuas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.

9Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprad para vosotras.

10Y mientras que ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.

12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.

13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.

14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos, y les entregó sus bienes.

15Y a este dio cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad; y luego se partió lejos.

16Y el que había recibido cinco talentos se fue, y granjeó con ellos, e hizo otros cinco talentos.

17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.

18Mas el que había recibido uno, fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

19Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, e hizo cuentas con ellos.

20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.

21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.

23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.

24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;

25Y tuve miedo, y fui, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.

26Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;

27Por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.

28Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

29Porque a cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.

30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.

31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.

32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.

33Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda.

34Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo:

35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis;

36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.

37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿ cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ o sediento, y te dimos de beber?

38Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ o desnudo, y te cubrimos?

39O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis.

41Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:

42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;

43Fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

44Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿ cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?

45Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis.

46E irán estos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.

Sobre Mateo 25

¿Qué pasa aquí?

Tres parábolas cierran el quinto discurso: diez vírgenes, la mitad sin preparar cuando llega el esposo; un señor que entrega a sus siervos distintas cantidades de dinero y espera un rendimiento; el juicio final de las naciones, que separa a las ovejas de los cabritos según cómo trataron al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo y al preso. El criterio del juicio final: en cuanto lo hicisteis o no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, a mí lo hicisteis o no lo hicisteis.

¿La idea principal?

Estar preparado no es una doctrina ni un sentimiento: es un cuidado constante y concreto de las personas que tienes delante mientras esperas un regreso cuya hora no conoces.

Una línea para recordar

40: "Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis." La identificación de Cristo con los vulnerables es completa y práctica.

El contexto

La imagen de las ovejas y los cabritos era familiar en el campo palestino, donde los rebaños mixtos se separaban al final del día: las ovejas al redil más abrigado, los cabritos al cercado exterior. La imagen es doméstica e inmediata antes de ser cósmica.

¿Quién aparece?

Las diez vírgenes; el señor que reparte los talentos; los siervos que multiplican o entierran lo que se les confió; el Hijo del hombre en su trono; las naciones reunidas delante de él; las ovejas a su derecha, los cabritos a su izquierda.

Por qué importa

El juicio de las ovejas y los cabritos es uno de los pasajes más citados de la ética social cristiana. Las naciones no son juzgadas por declaraciones de fe sino por lo que hicieron con personas reales en necesidad. La sorpresa es la misma en ambos lados: ni las ovejas ni los cabritos sabían que se encontraban con Cristo en los pobres.

Para cuando sientes...

Para cuando te preguntas si importa algo de lo que haces en silencio. Los justos de la escena del juicio se sorprenden de que se les reconozca su cuidado. No actuaban para un público; simplemente respondían a lo que tenían delante.