Marcos 11Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Betfagé, y de Betania, al monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos,
2Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido; desatadlo y traedlo.
3Y si alguien os dijere: ¿ Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo ha menester: y luego lo enviará acá.
4Y fueron, y hallaron el pollino atado a la puerta fuera, entre dos caminos; y le desataron.
5Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿ Qué hacéis desatando el pollino?
6Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado: y los dejaron.
7Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.
8Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y las tendían por el camino.
9Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo: ¡ Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.
10Bendito el reino de nuestro padre David que viene: ¡ Hosanna en las alturas!
11Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse a Betania con los doce.
12Y el día siguiente, como salieron de Betania, tuvo hambre.
13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino a ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.
14Entonces Jesús respondiendo, dijo a la higuera: Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre. Y lo oyeron sus discípulos.
15pues, a Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
16Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo.
17Y les enseñaba diciendo: ¿ No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
18Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.
19Mas como fue tarde, Jesús salió de la ciudad.
20Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado.
22Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios.
23Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho.
24Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también a vosotros vuestras ofensas.
26Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
27Y volvieron a Jerusalem; y andando él por el templo, vienen a él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;
28Y le dicen: ¿ Con qué facultad haces estas cosas? ¿ y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?
29Y Jesús respondiendo entonces, les dice: Os preguntaré también yo una palabra; y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas:
30El bautismo de Juan, ¿ era del cielo, o de los hombres? Respondedme.
31Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿ Por qué, pues, no le creísteis?
32Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta.
33Y respondiendo, dicen a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.
Sobre Marcos 11
¿Qué pasa aquí?
Jesús envía a dos discípulos a traer un pollino. Entra en Jerusalén entre ramas y gritos de Hosanna. Observa el templo y se va. A la mañana siguiente maldice una higuera que tiene hojas pero no fruto. Purifica el templo y vuelca las mesas de los cambistas y de los que venden palomas. Encuentran la higuera maldita seca desde las raíces. Los príncipes de los sacerdotes y los escribas traman matarlo. Cuestionan su autoridad; él responde con una pregunta sobre el bautismo de Juan que no pueden contestar.
¿La idea principal?
La higuera sin fruto y el templo lleno de comercio dicen lo mismo: la apariencia religiosa sin vida verdadera en la raíz queda condenada.
Una línea para recordar
17: "Y les enseñaba diciendo: ¿ No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones." Dos escrituras, dos veredictos: lo que debía ser, y lo que había llegado a ser.
El contexto
El monte del templo estaba en medio del enorme proyecto de construcción de Herodes, que seguía en marcha en tiempos de Jesús. Los atrios exteriores, donde operaban los cambistas, eran el único lugar donde se permitía la entrada a los gentiles. Jesús cita Isaías 56, que habla precisamente de los gentiles recibidos en la casa de Dios. La cita de la cueva de ladrones viene de Jeremías 7, un sermón de condena contra el templo. Ambas referencias son deliberadas.
¿Quién aparece?
Dos discípulos sin nombre enviados por el pollino; multitudes que lo reciben con ramas; la higuera; los cambistas y los que venden palomas; los príncipes de los sacerdotes y los escribas, que observan y conspiran; los discípulos, asombrados ante el árbol seco.
Por qué importa
La entrada triunfal cumple Zacarías 9: un rey que viene en un asno es un rey que viene en paz, no sobre un caballo de guerra. Pero la multitud oye lo que quiere oír. La purificación del templo no es una limpieza, es una condena: Marcos la enmarca entre las dos escenas de la higuera para decir que la institución ya ha sido maldecida. El desafío a la autoridad de Jesús es la jugada inicial de una última semana de confrontaciones cada vez más intensas.
Para cuando sientes...
Para cuando algo que una vez fue pensado para dar vida se ha endurecido hasta servirse solo a sí mismo. El templo en el que entró Jesús debía ser casa de oración para todas las naciones. Se había convertido en un mercado para los que ya estaban dentro.