Jueces 17Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1HUBO un hombre del monte de Efraín, que se llamaba Micaía.
2El cual dijo a su madre: Los mil y cien siclos de plata que te fueron hurtados, por lo que tú maldecías oyéndolo yo, he aquí que yo tengo este dinero: yo lo había tomado. Entonces la madre dijo: Bendito seas de Jehová, hijo mío.
3Y luego que él hubo vuelto a su madre los mil y cien siclos de plata, su madre dijo: Yo he dedicado este dinero a Jehová de mi mano para ti, hijo mío, para que hagas una imagen de talla y de fundición: ahora pues, yo te lo devuelvo.
4Mas volviendo él a su madre los dineros, tomó su madre doscientos siclos de plata, y diólos al fundidor: y él le hizo de ellos una imagen de talla y de fundición, la cual fue puesta en casa de Micaía.
5Y tuvo este hombre Micaía casa de dioses, e hízose hacer ephod y teraphim, y consagró uno de sus hijos; y fuéle por sacerdote.
6En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía como mejor le parecía.
7Y había un joven de Belén de Judá, de la tribu de Judá, el cual era Levita; y peregrinaba allí.
8Este hombre se había partido de la ciudad de Belén de Judá, para ir a vivir donde hallase; y llegando al monte de Efraín, vino a casa de Micaía, para de allí hacer su camino.
9Y Micaía le dijo: ¿ De dónde vienes? Y el Levita le respondió: Soy de Belén de Judá, y voy a vivir donde hallare.
10Entonces Micaía le dijo: Quédate en mi casa, y me serás en lugar de padre y sacerdote; y yo te daré diez siclos de plata por año, y el ordinario de vestidos, y tu comida. Y el Levita se quedó.
11Acordó pues el Levita en morar con aquel hombre, y él lo tenía como a uno de sus hijos.
12Y Micaía consagró al Levita, y aquel joven le servía de sacerdote, y estaba en casa de Micaía.
13Y Micaía dijo: Ahora sé que Jehová me hará bien, pues que el Levita es hecho mi sacerdote.
Sobre Jueces 17
¿Qué pasa aquí?
Micaía, un hombre de Efraín, le robó plata a su madre; ella maldijo al ladrón; él confiesa, ella lo bendice y usa parte del dinero para hacer un ídolo. Micaía instala un santuario con un ephod y dioses domésticos, hace sacerdote a uno de sus hijos y más tarde contrata para el cargo a un levita errante llamado Jonatán. Concluye que Dios le hará bien porque tiene un levita por sacerdote. La lógica está completamente al revés, y el relato la presenta sin comentario.
¿La idea principal?
Cuando cada uno hace lo que le parece bien, la religión se vuelve un producto a la medida hecho con plata robada, y un levita sin tribu se convierte en sacerdote a sueldo.
Una línea para recordar
6: "En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía como mejor le parecía." La frase aparece aquí por primera vez y se repetirá al final del libro. Es a la vez diagnóstico y epitafio.
El contexto
La región montañosa de Efraín, en algún momento del siglo XII a. C. Sin censo, sin rey, sin templo central; el arca está en Silo, pero en la práctica no pesa en la vida religiosa local. Un santuario doméstico con una imagen tallada hecha de plata robada y luego bendecida, y un levita al que pagan diez siclos, un vestido y la comida. Totalmente sincero. Completamente contrario a la ley.
¿Quién aparece?
Micaía, el fabricante de ídolos; su madre sin nombre, que convierte el robo en consagración; Jonatán el levita, errante sin heredad y dispuesto a aceptar el trabajo.
Por qué importa
Los capítulos 17 a 21 forman un epílogo distinto dentro de Jueces, probablemente colocado fuera de orden cronológico, que ilustra cómo se ve en la práctica "no había rey". En estos capítulos no hay opresor contra quien pelear ni juez que levantar. La decadencia es interna. El santuario de Micaía no es una apostasía dramática; es casual, doméstico y sincero. Eso es lo que lo vuelve condenatorio.
Para cuando sientes...
Para cuando la fe se va moldeando según la conveniencia personal tan poco a poco que ningún momento por sí solo parece una traición. Micaía no es cínico. De verdad cree que está haciendo algo bueno.