Juan 4Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
2Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos ),
3Dejó a Judea, y fuése otra vez a Galilea.
4Y era menester que pasase por Samaria.
5Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a José su hijo.
6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó a la fuente. Era como la hora de sexta.
7Vino una mujer de Samaria a sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.
8Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.)
9Y la mujer Samaritana le dice: ¿ Cómo tú, siendo Judío, me pides a mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
10Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar la, y el pozo es hondo: ¿ de dónde, pues, tienes el agua viva?
12Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá a sacar la.
16Jesús le dice: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;
18Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.
23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
26Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿ Qué preguntas? o, ¿ Qué hablas con ella?
28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a aquellos hombres:
29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿ si quizás es este el Cristo?
30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿ Si le habrá traído alguien de comer?
34Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.
37Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.
40Viniendo pues los Samaritanos a él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.
41Y creyeron muchos más por la palabra de él.
42Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.
43Y dos días después, salió de allí, y fuése a Galilea.
44Porque el mismo Jesús dio testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
45Y como vino a Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido a la fiesta.
46Vino pues Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47Este, como oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y rogábale que descendiese, y sanase a su hijo, porque se comenzaba a morir.
48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó a la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor. Y dijéronle: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54Esta segunda señal volvió Jesús a hacer, cuando vino de Judea a Galilea.
Sobre Juan 4
¿Qué pasa aquí?
Jesús se detiene en el pozo de Jacob en Samaria y le pide agua a una mujer del lugar. La conversación pasa del agua a la historia personal de ella y a la naturaleza de la adoración. Ella trae a todo su pueblo a conocerlo. Jesús se queda dos días más. El capítulo termina con él sanando en Capernaum al hijo de un oficial del rey, su segunda señal.
¿La idea principal?
La conversación a solas más larga que tiene Jesús en cualquier evangelio es con una mujer extranjera de reputación dudosa junto a un pozo en territorio hostil, y ella se convierte en la primera evangelista.
Una línea para recordar
24: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren." Dicho a una samaritana, una de fuera, esto aparta la adoración del lugar y del rito y la lleva hacia lo interior.
El contexto
Samaria no estaba solo geográficamente entre Judea y Galilea; era un territorio disputado étnica y religiosamente. Samaritanos y judíos compartían raíces bíblicas, pero se habían separado siglos antes por el lugar correcto de adoración. El pozo era el pozo de Jacob, terreno común en un paisaje en disputa. Que Jesús le pidiera agua a una samaritana era, en ese mundo, un pequeño terremoto social.
¿Quién aparece?
Jesús, que cruza a propósito barreras étnicas y de género; la samaritana, aguda y dispuesta a discutir; los discípulos, que vuelven con comida y no entienden la escena; los del pueblo, que vienen y creen; el oficial del rey, cuya fe es probada por la distancia.
Por qué importa
Este capítulo es una de las escenas más contraculturales del mundo antiguo. Los hombres judíos no hablaban con mujeres en público. Los judíos no se trataban con los samaritanos. La mujer tenía una historia que la habría descalificado en la mayoría de los ámbitos religiosos. Jesús inicia la conversación, la trata como a una igual en teología y se revela a ella antes de hacerlo en la mayoría de los demás contextos de este evangelio.
Para cuando sientes...
Para cuando sientes que tu historia te descalifica para encontrarte con algo sagrado. La mujer del pozo sabía muy bien qué reputación tenía. La conversación lo cambió todo de todos modos.