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Josué 14
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Josué 14Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1ESTO pues es lo que los hijos de Israel tomaron por heredad en la tierra de Canaán, lo cual les repartieron Eleazar sacerdote, y Josué hijo de Nun, y los principales de los padres de las tribus de los hijos de Israel.

2Por suerte dióseles su heredad, como Jehová lo había mandado por Moisés, que diese a las nueve tribus, y a la media tribu.

3Porque a las dos tribus, y a la media tribu, les había Moisés dado heredad de la otra parte del Jordán: mas a los Levitas no dio heredad entre ellos.

4Porque los hijos de José fueron dos tribus, Manasés y Efraín: y no dieron parte a los Levitas en la tierra, sino ciudades en que morasen, con sus ejidos para sus ganados y rebaños.

5De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés, así lo hicieron los hijos de Israel en el repartimiento de la tierra.

6Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti.

7Yo era de edad de cuarenta años, cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le referí el negocio como lo tenía en mi corazón:

8Mas mis hermanos, los que habían subido conmigo, menguaron el corazón del pueblo; empero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios.

9Entonces Moisés juró, diciendo: Si la tierra que holló tu pie no fuere para ti, y para tus hijos en herencia perpetua: por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios.

10Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto: y ahora, he aquí, soy hoy día de ochenta y cinco años:

11Pero aun hoy estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió: cual era entonces mi fuerza, tal es ahora, para la guerra, y para salir y para entrar.

12Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oiste en aquel día que los Anaceos están allí, y grandes y fuertes ciudades. Quizá Jehová será conmigo, y los echaré como Jehová ha dicho.

13Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad.

14Por tanto Hebrón fue de Caleb, hijo de Jefone Cenezeo, en heredad hasta hoy; porque cumplió siguiendo a Jehová Dios de Israel.

15Mas Hebrón fue antes llamada Quiriat-arba; fue Arba un hombre grande entre los Anaceos. Y la tierra tuvo reposo de las guerras.

Sobre Josué 14

¿Qué pasa aquí?

Caleb, el otro espía fiel de cuarenta y cinco años atrás, se acerca a Josué en Gilgal y pide la serranía de Hebrón, donde viven los anaceos. Tiene ochenta y cinco años y afirma estar tan fuerte como a los cuarenta. Josué lo bendice y le concede Hebrón como heredad. Hebrón había sido parte de la promesa que Moisés le hizo antes.

¿La idea principal?

Caleb esperó cuarenta y cinco años una promesa que le exigía pelear contra gigantes para reclamarla, y llegó todavía pidiendo la tarea más difícil.

Una línea para recordar

12: "Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oiste en aquel día que los Anaceos están allí, y grandes y fuertes ciudades. Quizá Jehová será conmigo, y los echaré como Jehová ha dicho." Un hombre de ochenta y cinco años pidiendo el territorio más difícil de Canaán.

El contexto

Gilgal, en el valle del Jordán, todavía cuartel general de las tribus, hacia el 1400 a. C. La fase militar va terminando y el reparto ha comenzado. Caleb llega desde la asamblea de Judá, se acerca a los dos hombres que son los últimos lazos vivos con la generación del pacto del Sinaí, y expone su caso con la franqueza de un soldado. Sin preámbulos, sin halagos: tenía cuarenta entonces, tengo ochenta y cinco ahora, dame Hebrón.

¿Quién aparece?

Caleb hijo de Jefone, el cenezeo que fue uno de los dos espías fieles en Cades-barnea; Josué, su viejo compañero y sobreviviente con él de la generación del desierto; el sacerdote Eleazar, que supervisa el proceso del reparto; los anaceos, el clan de gigantes de Hebrón que una vez hizo sentir a los espías como langostas.

Por qué importa

Caleb es el contrapunto de Acán: donde la codicia de Acán corrompió una victoria, la fidelidad de Caleb durante cuatro décadas gana el premio más peligroso. Él y Josué son los dos únicos adultos que salieron vivos de Egipto y entraron en Canaán, y su longevidad es la evidencia biológica de lo que produce la obediencia a Dios. Hebrón será más tarde la primera capital de David.

Para cuando sientes...

El discurso de Caleb es uno de los más conmovedores del libro. No pide un valle tranquilo ni una llanura costera. Pide el monte de los gigantes, el que hundió en la desesperación a los otros diez espías una generación antes. El lector siente los cuarenta y cinco años detrás de esas palabras.