Jeremías 1Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1LAS palabras de Jeremías hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en Anatot, en tierra de Benjamín.
2La palabra de Jehová que fue a él en los días de Josías hijo de Amón, rey de Judá, en el año décimotercio de su reinado.
3Fue asimismo en días de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del año undécimo de Sedequías hijo de Josías, rey de Judá, hasta la cautividad de Jerusalem en el mes quinto.
4Fue pues palabra de Jehová a mí, diciendo:
5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes.
6Y yo dije: ¡ Ah! ¡ ah! ¡ Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.
7Y díjome Jehová: No digas, soy niño; porque a todo lo que te enviaré irás tú, y dirás todo lo que te mandaré.
8No temas delante de ellos, porque contigo soy para librarte, dice Jehová.
9Y extendió Jehová su mano, y tocó sobre mi boca; y díjome Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.
10Mira que te he puesto en este día sobre gentes y sobre reinos, para arrancar y para destruir, y para arruinar y para derribar, y para edificar y para plantar.
11Y la palabra de Jehová fue a mí, diciendo: ¿ Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Yo veo una vara de almendro.
12Y díjome Jehová: Bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.
13Y fue a mí palabra de Jehová segunda vez, diciendo: ¿ Qué ves tú? Y dije: Yo veo una olla que hierve; y su haz está de la parte del aquilón.
14Y díjome Jehová: Del aquilón se soltará el mal sobre todos los moradores de la tierra.
15Porque he aquí que yo convoco todas las familias de los reinos del aquilón, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su asiento a la entrada de las puertas de Jerusalem, y junto a todos sus muros en derredor, y en todas las ciudades de Judá.
16Y a causa de toda su malicia, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y a hechuras de sus manos se encorvaron.
17Tú pues, ciñe tus lomos, y te levantarás, y les hablarás todo lo que te mandaré: no temas delante de ellos, porque no te haga yo quebrantar delante de ellos.
18Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortalecida, y como columna de hierro, y como muro de bronce sobre toda la tierra, a los reyes de Judá, a sus príncipes, a sus sacerdotes, y al pueblo de la tierra.
19Y pelearán contra ti, mas no te vencerán; porque yo soy contigo, dice Jehová, para librarte.
Sobre Jeremías 1
¿Qué pasa aquí?
Dios llama a un joven sacerdote de Anatot llamado Jeremías y le dice que fue apartado antes de nacer para ser profeta a las naciones. Jeremías protesta por su juventud; Dios toca su boca y la llena de palabras. Siguen dos visiones: una vara de almendro que indica que Dios vigila, y una olla hirviendo inclinada desde el norte, señal de que viene el desastre. Jeremías es enviado, armado y advertido de que será brutal.
¿La idea principal?
Dios no llama a los seguros de sí ni a los dispuestos. Llama a los renuentes, los equipa él mismo y luego les dice que va a ser difícil.
Una línea para recordar
5: "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses de la matriz te santifiqué, te di por profeta a las gentes." El llamado es anterior al nacimiento, y eso elimina cada excusa que Jeremías está a punto de dar.
El contexto
Hacia el año 627 a. C., el año trece del reinado de Josías. Judá tiene, por el momento, un buen rey. Asiria se apaga; Babilonia se levanta. Nadie en Jerusalén quiere oír de la olla que hierve en el norte, y a Jeremías le esperan cuarenta años de no ser escuchado.
¿Quién aparece?
Jeremías, un joven sacerdote de Anatot que protesta por su insuficiencia. Dios, que pasa por encima de la objeción, toca su boca y lo comisiona ante reyes y naciones.
Por qué importa
Este capítulo inicial prepara más de cuarenta años de un ministerio angustioso. El toque divino en la boca se vuelve la fuente de la autoridad de Jeremías y también de su tormento. La olla hirviendo desde el norte establece la amenaza babilónica como la catástrofe histórica central del libro. Todo lo que sigue fluye de este momento.
Para cuando sientes...
Para cuando te sientes demasiado pequeño, demasiado joven, demasiado improbable para cargar lo que te han pedido que cargues. El llamado llega antes que las credenciales, y Dios no consulta tu currículum.