Hechos 23Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1ENTONCES Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy.
2El príncipe de los sacerdotes, Ananías, mandó entonces a los que estaban delante de él, que le hiriesen en la boca.
3Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada: ¿ y estás tú sentado para juzgarme conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir?
4Y los que estaban presentes dijeron: ¿ Al sumo sacerdote de Dios maldices?
5Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.
6Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo soy Fariseo, hijo de Fariseo: de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado.
7Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fue dividida.
8Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas.
9Y levantóse un gran clamor: y levantándose los escribas de la parte de los Fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre; que si espíritu le ha hablado, o ángel, no resistamos a Dios.
10Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado de ellos, mandó venir soldados, y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza.
11Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma.
12Y venido el día, algunos de los Judíos se juntaron, e hicieron voto bajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo.
13Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración;
14Los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo.
15Ahora pues, vosotros, con el concilio, requerid al tribuno que le saque mañana a vosotros como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estaremos aparejados para matarle.
16Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, fue, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo.
17Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.
18El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte.
19Y el tribuno, tomándole de la mano y retirándose aparte, le preguntó: ¿ Qué es lo que tienes que decirme?
20Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.
21Mas tú no los creas; porque más de cuarenta hombres de ellos le acechan, los cuales han hecho voto debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.
22Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.
23Y llamados dos centuriones, mandó que apercibiesen para la hora tercia de la noche doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, y doscientos lanceros;
24Y que aparejasen cabalgaduras en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el Presidente.
25Y escribió una carta en estos términos:
26Claudio Lisias al excelentísimo gobernador Félix: Salud.
27A este hombre, aprehendido de los Judíos, y que iban ellos a matar, libré yo acudiendo con la tropa, habiendo entendido que era Romano.
28Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos:
29Y hallé que le acusaban de cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crimen tenía digno de muerte o de prisión.
30Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los Judíos, luego al punto le he enviado a ti, intimando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Pásalo bien.
31Y los soldados, tomando a Pablo como les era mandado, lleváronle de noche a Antípatris.
32Y al día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza.
33Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él.
34Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia,
35Te oiré, dijo, cuando vinieren tus acusadores. Y mandó que le guardasen en el pretorio de Herodes.
Sobre Hechos 23
¿Qué pasa aquí?
Ante el Sanedrín, Pablo afirma que es fariseo y que se le juzga por su esperanza en la resurrección. El concilio se divide entre fariseos y saduceos. Los fariseos declaran que no hallan ningún mal en Pablo. El tribuno lo retira por seguridad. Esa noche Jesús se le aparece a Pablo y le dice que debe testificar en Roma. Cuarenta hombres juran no comer hasta matar a Pablo. El sobrino de Pablo se entera y se lo cuenta al tribuno, que organiza una enorme escolta nocturna de 470 soldados para trasladar a Pablo a Cesarea.
¿La idea principal?
Todo intento humano de impedir el testimonio de Pablo en Roma fracasa porque Jesús ya dijo que va a suceder, y el propósito divino obra a través de la logística militar romana con la misma facilidad que a través de cualquier otra cosa.
Una línea para recordar
11: "Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalem, así es menester testifiques también en Roma." Ese es menester vuelve inevitable a Roma. El resto del libro es el camino hasta allá.
El contexto
La fortaleza Antonia estaba en la esquina noreste del complejo del templo. El traslado nocturno que siguió a lo que descubrió el sobrino de Pablo involucró a doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, casi quinientos hombres armados moviendo a un solo preso en la oscuridad hacia el camino de la costa, al sur. Cesarea estaba a unos 96 kilómetros. Es Roma tomando en serio la amenaza contra la vida de un ciudadano, y es el mismo sistema que con el tiempo oirá la apelación de Pablo y lo enviará al occidente.
¿Quién aparece?
Pablo, ante el Sanedrín; Ananías el sumo sacerdote; el sobrino de Pablo, cuyo nombre nunca conocemos; Claudio Lisias, que escribe una carta para protegerlo; Félix el gobernador, que espera en Cesarea.
Por qué importa
La aparición divina a Pablo en el versículo 11 es la bisagra del resto de Hechos. Desde este momento todo lo que sucede, los complots, los juicios, las apelaciones, el naufragio, es la historia de Pablo llegando a Roma por el camino que se abra. Los cuarenta hombres que juran matar a Pablo crean una urgencia que acelera la narración. La carta de Claudio Lisias a Félix es uno de los pocos documentos que Hechos cita completos.
Para cuando sientes...
Para cuando la noche está oscura y alguien aparece y te dice lo que necesitabas oír, y todo lo que era incierto se vuelve cuestión de cuándo y no de si. Pablo acababa de sobrevivir a dos motines y a unos azotes que casi recibe, en tres días.