Génesis 15Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1DESPUÉS de estas cosas fue la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón sobremanera grande.
2Y respondió Abram: Señor Jehová ¿ qué me has de dar, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese Damasceno Eliezer?
3Dijo más Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que es mi heredero uno nacido en mi casa.
4Y luego la palabra de Jehová fue a él diciendo: No te heredará este, sino el que saldrá de tus entrañas será el que te herede.
5Y sacóle fuera, y dijo: Mira ahora a los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu simiente.
6Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia.
7Y díjole: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los Caldeos, para darte a heredar esta tierra.
8Y él respondió: Señor Jehová, ¿ en qué conoceré que la tengo de heredar?
9Y le dijo: Apártame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.
10Y tomó él todas estas cosas, y partiólas por la mitad, y puso cada mitad una enfrente de otra; mas no partió las aves.
11Y descendían aves sobre los cuerpos muertos, y ojeábalas Abram.
12Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el pavor de una grande obscuridad cayó sobre él.
13Entonces dijo a Abram: Ten por cierto que tu simiente será peregrina en tierra no suya, y servirá a los de allí, y serán por ellos afligidos cuatrocientos años.
14Mas también a la gente a quien servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con grande riqueza.
15Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.
16Y en la cuarta generación volverán acá: porque aun no está cumplida la maldad del Amorreo hasta aquí.
17Y sucedió que puesto el sol, y ya obscurecido, dejóse ver un horno humeando, y una antorcha de fuego que pasó por entre los animales divididos.
18En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram diciendo: A tu simiente daré esta tierra desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates;
19Los Cineos, y los Ceneceos, y los Cedmoneos,
20Y los Heteos, y los Ferezeos, y los Refaítas,
21Y los Amorreos, y los Cananeos, y los Gergeseos, y los Jebuseos.
Sobre Génesis 15
¿Qué pasa aquí?
Dios viene a Abram en visión y lo tranquiliza después de la batalla. Abram replica: ¿de qué sirve cualquier recompensa si no tengo heredero? Dios lo saca afuera a contar las estrellas y le dice: así será tu descendencia. Abram cree, y Dios se lo cuenta por justicia. Luego Dios hace un pacto con Abram en una ceremonia inquietante: animales partidos por la mitad, un horno humeante y una antorcha de fuego que pasan entre las mitades, y la profecía de 400 años de esclavitud antes del regreso a la tierra.
¿La idea principal?
La fe cuenta antes de la circuncisión, antes de la ley, antes de cualquier rito, y el pacto no queda sellado por la promesa de Abram, sino porque Dios pasa solo entre las mitades.
Una línea para recordar
6: "Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia." Pablo cita este versículo en Romanos y Gálatas como el fundamento de la justificación por la fe. Todo el argumento de sus cartas gira sobre este único momento antiguo.
El contexto
En el antiguo Cercano Oriente, las ceremonias de pacto solían incluir pasar entre animales partidos, con este sentido: que me pase lo que les pasó a estos animales si rompo el acuerdo. Dios pasa. Abram no. Es el tratado más desigual que se pueda imaginar. Sobre Abram cae un sueño profundo, la misma palabra que se usa cuando Adán fue dormido para formar a la mujer.
¿Quién aparece?
Abram, que pregunta y luego cree; Dios, que revela el futuro y hace un pacto sin pedirle a Abram que firme nada.
Por qué importa
Este capítulo es el centro teológico del relato de Abraham. En la ceremonia del pacto, donde solo Dios pasa entre las mitades de los animales, Dios toma sobre sí toda la obligación. Abram está dormido. Este pacto de un solo lado se convierte en la lente con la que Pablo lee el evangelio.
Para cuando sientes...
Para cuando llevas tiempo esperando una promesa que no termina de llegar, y por fin lo dices en voz alta. La queja de Abram en el versículo 2 no es duda; es un dolor honesto. Dios no lo reprende por ella.