Deuteronomio 5Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y LLAMÓ Moisés a todo Israel, y díjoles: Oye, Israel, los estatutos y derechos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos: y aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.
2Jehová nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb.
3No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.
4Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte de en medio del fuego,
5Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros, para denunciaros la palabra de Jehová; porque vosotros tuvisteis temor del fuego, y no subisteis al monte;) diciendo:
6Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de siervos.
7No tendrás dioses extraños delante de mí.
8No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, o abajo en la tierra, o en las aguas debajo de la tierra:
9No te inclinarás a ellas ni les servirás: porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, y sobre los terceros, y sobre los cuartos, a los que me aborrecen,
10Y que hago misericordia a millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos.
11No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios; porque Jehová no dará por inocente al que tomare en vano su nombre.
12Guardarás el día del reposo para santificarlo, como Jehová tu Dios te ha mandado.
13Seis días trabajarás y harás toda tu obra:
14Mas el séptimo es reposo a Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como tú.
15Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del reposo.
16Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.
17No matarás.
18No adulterarás.
19No hurtarás.
20No dirás falso testimonio contra tu prójimo.
21No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni ninguna cosa que sea de tu prójimo.
22Estas palabras habló Jehová a toda vuestra congregación en el monte, de en medio del fuego, de la nube y de la oscuridad, a gran voz: y no añadió más. Y escribiólas en dos tablas de piedra, las cuales me dio a mí.
23Y aconteció, que como vosotros oisteis la voz de en medio de las tinieblas, y visteis al monte que ardía en fuego, llegasteis a mí todos los príncipes de vuestras tribus, y vuestros ancianos;
24Y dijisteis: He aquí, Jehová nuestro Dios nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego: hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y este vive.
25Ahora pues, ¿ por qué moriremos? que este gran fuego nos consumirá: si tornáremos a oir la voz de Jehová nuestro Dios, moriremos.
26Porque, ¿ qué es toda carne, para que oiga la voz del Dios viviente que habla de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y viva?
27Llega tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.
28Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, cuando me hablabais; y díjome Jehová: He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado: bien está todo lo que han dicho.
29Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen, y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!
30Ve, diles: Volveos a vuestras tiendas.
31Y tú estáte aquí conmigo, y te diré todos los mandamientos, y estatutos, y derechos, que les has de enseñar, a fin que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy para poseerla.
32Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado: no os apartéis a diestra ni a siniestra;
33Andad en todo camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis, y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.
Sobre Deuteronomio 5
¿Qué pasa aquí?
Moisés repite los Diez Mandamientos que Dios dio en Horeb. Recuerda el terror de aquel día, cuando Dios habló desde el fuego y el pueblo le rogó a Moisés que fuera su intermediario. Dios aprobó su temor y deseó que siempre lo temieran así. Moisés explica que su papel de mediador nació en ese momento: Dios le habló a él, y él llevó la ley al pueblo.
¿La idea principal?
Los Diez Mandamientos se dan de nuevo no como una reimpresión legal, sino como un discurso vivo del pacto: Dios hizo este acuerdo con la generación que está aquí hoy, no solo con sus padres.
Una línea para recordar
29: "Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen, y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!" El deseo de Dios dicho en voz alta: la ley no es el obstáculo para la bendición, sino el camino hacia ella.
El contexto
Los campos de Moab, 1406 a. C. Moisés les habla a personas nacidas en el desierto, ya adultas, que nunca oyeron el trueno de Horeb. Quiere que los mandamientos lleguen con la fuerza de un encuentro directo, no como una herencia legal.
¿Quién aparece?
Moisés, como mediador y narrador. Dios, que habló desde el fuego en Horeb. Israel, la congregación a la que Moisés se dirige como socios del pacto, que no estuvieron físicamente en el Sinaí pero quedan igualmente ligados a él.
Por qué importa
La segunda entrega de los Diez Mandamientos difiere de Éxodo 20 en detalles pequeños pero significativos. La razón del sábado pasa del descanso de la creación a la liberación de Egipto. Deuteronomio replantea la ley una y otra vez en términos de memoria vivida e identidad, más que de mandato abstracto.
Para cuando sientes...
Para cuando las reglas de la fe se sienten como un peso externo y no como algo personal y vivo. El relato de Moisés dice que este pacto se hizo contigo, hoy, no solo con la gente de la historia.