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Abdías 1
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Abdías 1Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1VISIÓN de Abdías. El Señor Jehová ha dicho así cuanto a Edom: Oído hemos el pregón de Jehová, y mensajero es enviado a las gentes. Levantaos, y levantémonos contra ella en batalla.

2He aquí, pequeño te he hecho entre las gentes; abatido eres tú en gran manera.

3La soberbia de tu corazón te ha engañado, tú que moras en las hendiduras de las peñas, en tu altísima morada; que dices en tu corazón: ¿ Quién me derribará a tierra?

4Si te encaramares como águila, y si entre las estrellas pusieres tu nido, de ahí te derribaré, dice Jehová.

5Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche (¡ cómo has sido destruído!) ¿ no hurtaran lo que les bastase? Pues si entraran a ti vendimiadores, aun dejaran algún rebusco.

6Cómo fueron escudriñadas las cosas de Esaú! sus cosas escondidas fueron buscadas.

7Hasta el término te hicieron llegar todos tus aliados; te han engañado tus pacíficos, prevalecieron contra ti; los que comían tu pan, pusieron el lazo debajo de ti: no hay en él entendimiento.

8No haré que perezcan en aquel día, dice Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú?

9Y tus valientes, oh Temán, serán quebrantados; porque todo hombre será talado del monte de Esaú por el estrago.

10Por la injuria de tu hermano Jacob te cubrirá vergüenza, y serás talado para siempre.

11El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y los extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalem, tú también eras como uno de ellos.

12Pues no debiste tú estar mirando en el día de tu hermano, el día en que fue extrañado: no te habías de haber alegrado de los hijos de Judá en el día que se perdieron, ni habías de ensanchar tu boca en el día de la angustia:

13No habías de haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento; no, no habías tú de haber mirado su mal el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes el día de su calamidad.

14Tampoco habías de haberte parado en las encrucijadas, para matar los que de ellos escapasen; ni habías tú de haber entregado los que quedaban en el día de angustia.

15Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza.

16De la manera que vosotros bebisteis en mi santo monte, beberán todas las gentes de continuo; beberán, y engullirán, y serán como si no hubieran sido.

17Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones.

18Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán, y los consumirán; ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú, porque Jehová lo habló.

19Y los del mediodía poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los Palestinos; poseerán también los campos de Efraín, y los campos de Samaria; y Benjamín a Galaad.

20Y los cautivos de aqueste ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los Cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sefarad, poseerán las ciudades del mediodía.

21Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová.

Sobre Abdías 1

¿Qué pasa aquí?

Abdías, el libro más corto del Antiguo Testamento, pronuncia un único y demoledor oráculo contra Edom, la nación que desciende de Esaú. Cuando Babilonia destruyó Jerusalén hacia el 586 a. C., Edom se quedó mirando, se burló y les cortó el paso a los refugiados judíos que intentaban escapar. Abdías anuncia que el orgullo de Edom será su ruina y que el día de Jehová alcanzará a todas las naciones y restaurará la casa de Jacob.

¿La idea principal?

Las naciones que se aprovechan de la catástrofe de un vecino no escapan del juicio. Lo que les haces a otros en su hora más oscura vuelve sobre tu propia cabeza.

Una línea para recordar

15: "Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las gentes: como tú hiciste se hará contigo: tu galardón volverá sobre tu cabeza." Este versículo hace girar el oráculo de Edom en particular a un principio universal: la justicia divina es proporcional e ineludible, sin importar qué nación esté del lado que la recibe.

El contexto

Hacia el 586 a. C., después de que los ejércitos de Babilonia abrieron brecha en los muros de Jerusalén y quemaron el templo, Edom ocupaba el territorio al sur y al sureste del mar Muerto, las tierras altas y rocosas de la región de Petra. Los dos pueblos compartían ascendencia por medio de Isaac, lo que hacía de la conducta de Edom una traición familiar. Según se cuenta, los edomitas se burlaban desde un costado, saqueaban casas abandonadas y se apostaban en los cruces de caminos para entregar a los sobrevivientes judíos a los babilonios. Abdías habla directamente a esa herida y promete que las fortalezas de Edom en los montes no ofrecen verdadera protección y que la casa de Jacob un día poseerá lo que Edom le quitó.

¿Quién aparece?

Abdías es el profeta, conocido solo por este libro; su nombre significa siervo de Jehová. Edom representa a todos los descendientes de Esaú, hermano gemelo de Jacob, lo que hace de la traición algo tanto fraternal como nacional. Jacob e Israel son aquí intercambiables y designan al pueblo del pacto, que al final será restaurado.

Por qué importa

Abdías es el único libro profético dedicado por completo al juicio de una nación extranjera, y la acusación concreta no es la agresión militar, sino la traición en medio de una crisis. Quedarse mirando mientras destruyen a los hermanos, bloquear las salidas, saquear las casas: esos son los cargos. El libro insiste en que la complicidad pasiva ante la injusticia no es neutralidad. Es una decisión, y tiene consecuencias. La restauración final de Israel en Sion cierra el oráculo con una esperanza irresistible.

Para cuando sientes...

Hay una furia contenida en Abdías, la que nace de ver a alguien regodearse en tu ruina. Debajo del enojo está el dolor de un pueblo que esperaba más de una nación hermana y recibió desprecio.