2 Crónicas 12Reina Valera 1909 · Biblia en audio
1Y COMO Roboam hubo confirmado el reino, dejó la ley de Jehová, y con él todo Israel.
2Y en el quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalem, ( por cuanto se habían rebelado contra Jehová,)
3Con mil y doscientos carros, y con sesenta mil hombres de a caballo: mas el pueblo que venía con él de Egipto, no tenía número; a saber, de Libios, Sukienos, y Etíopes.
4Y tomó las ciudades fuertes de Judá, y llegó hasta Jerusalem.
5Entonces vino Semeías profeta a Roboam y a los príncipes de Judá, que estaban reunidos en Jerusalem por causa de Sisac, y díjoles: Así ha dicho Jehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de Sisac.
6Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: Justo es Jehová.
7Y como vio Jehová que se habían humillado, fue palabra de Jehová a Semeías, diciendo: Hanse humillado; no los destruiré; antes los salvaré en breve, y no se derramará mi ira contra Jerusalem por mano de Sisac.
8Empero serán sus siervos; para que sepan qué es servirme a mí, y servir a los reinos de las naciones.
9Subió pues Sisac rey de Egipto a Jerusalem, y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey; todo lo llevó: y tomó los paveses de oro que Salomón había hecho.
10Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam paveses de metal, y entrególos en manos de los jefes de la guardia, los cuales custodiaban la entrada de la casa del rey.
11Y cuando el rey iba a la casa de Jehová, venían los de la guardia, y traíanlos, y después los volvían a la cámara de la guardia.
12Y como él se humilló, la ira de Jehová se apartó de él, para no destruirlo del todo: y también en Judá las cosas fueron bien.
13Fortificado pues Roboam, reinó en Jerusalem: y era Roboam de cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalem, ciudad que escogió Jehová de todas las tribus de Israel, para poner en ella su nombre. Y el nombre de su madre fue Naama Amonita.
14E hizo lo malo, porque no apercibió su corazón para buscar a Jehová.
15Y las cosas de Roboam, primeras y postreras, ¿ no están escritas en los libros de Semeías profeta y de Iddo vidente, en la cuenta de los linajes? Y entre Roboam y Jeroboam hubo perpetua guerra.
16Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David: y reinó en su lugar Abías su hijo.
Sobre 2 Crónicas 12
¿Qué pasa aquí?
Cuando Roboam se hace fuerte, él y Judá abandonan la ley de Dios. Sisac de Egipto invade con un ejército enorme. El profeta Semaías anuncia que esto es juicio. Los príncipes se humillan; Dios dice que no los destruirá del todo, pero que los dejará probar la servidumbre para que aprendan la diferencia entre servir a Dios y servir a los reyes de la tierra. Sisac saquea los tesoros del templo, incluidos los escudos de oro de Salomón. Roboam los reemplaza con escudos de bronce. Muere con una evaluación ambigua.
¿La idea principal?
Abandonar a Dios cuando las cosas van bien es un patrón que termina en perder justamente lo que la prosperidad construyó, y la lección sobre la diferencia entre servir a Dios y servir a los hombres es difícil de aprender de otra manera.
Una línea para recordar
8: "Empero serán sus siervos; para que sepan qué es servirme a mí, y servir a los reinos de las naciones." Dios no destruye, sino que disciplina, y la lección es concreta: necesitas vivir bajo dominio extranjero para valorar lo que significa servirme a mí en su lugar.
El contexto
La invasión de Sisac está confirmada históricamente fuera de la Biblia. Su lista de campaña, inscrita en un muro del templo de Karnak en Egipto, incluye lugares tanto de Israel como de Judá, lo que la sitúa hacia el 925 a. C. El cronista usa este desastre histórico bien conocido para hacer una afirmación teológica: cuando los líderes abandonan a Dios, las consecuencias aparecen en el registro nacional.
¿Quién aparece?
Roboam, cuya fuerza se vuelve la ocasión del abandono; Sisac de Egipto, instrumento del juicio; Semaías, el profeta que anuncia tanto el juicio como la misericordia parcial.
Por qué importa
Los escudos de oro de Salomón reemplazados por bronce son una de las imágenes más punzantes de Crónicas. La gloria de la generación anterior, literalmente batida en oro, ya no está. Lo único que puedes costear ahora es la apariencia de lo que antes era real. Los lectores posteriores al exilio lo entendían perfectamente: también ellos vivían con bronce donde antes hubo oro.
Para cuando sientes...
Para cuando el éxito te ha hecho olvidar lo que te llevó hasta ahí, y luego algo te lo recuerda con dureza. La humillación de este capítulo es parcial, pero suficiente: Semaías dice que se han humillado, así que la destrucción todavía no vendrá.