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1 Samuel 11
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1 Samuel 11Reina Valera 1909 · Biblia en audio

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1Y SUBIÓ Naas Amonita, y asentó campo contra Jabes de Galaad. Y todos los de Jabes dijeron a Naas: Haz alianza con nosotros, y te serviremos.

2Y Naas Amonita les respondió: Con esta condición haré alianza con vosotros, que a cada uno de todos vosotros saque el ojo derecho, y ponga esta afrenta sobre todo Israel.

3Entonces los ancianos de Jabes le dijeron: Danos siete días, para que enviemos mensajeros a todos los términos de Israel; y si nadie hubiere que nos defienda, saldremos a ti.

4Y llegando los mensajeros a Gabaa de Saúl, dijeron estas palabras en oídos del pueblo; y todo el pueblo lloró a voz en grito.

5Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿ Qué tiene el pueblo, que lloran? Y contáronle las palabras de los hombres de Jabes.

6Y el espíritu de Dios arrebató a Saúl en oyendo estas palabras, y encendióse en ira en gran manera.

7Y tomando un par de bueyes, cortólos en piezas, y enviólas por todos los términos de Israel por mano de mensajeros, diciendo: Cualquiera que no saliere en pos de Saúl y en pos de Samuel, así será hecho a sus bueyes. Y cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre.

8Y contólos en Bezec; y fueron los hijos de Israel trescientos mil, y treinta mil los hombres de Judá.

9Y respondieron a los mensajeros que habían venido: Así diréis a los de Jabes de Galaad: Mañana en calentando el sol, tendréis salvamento. Y vinieron los mensajeros, y declaráronlo a los de Jabes, los cuales se holgaron.

10Y los de Jabes dijeron: Mañana saldremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que bien os pareciere.

11Y el día siguiente dispuso Saúl el pueblo en tres escuadrones, y entraron en medio del real a la vela de la mañana, e hirieron a los Amonitas hasta que el día calentaba: y los que quedaron fueron dispersos, tal que no quedaron dos de ellos juntos.

12El pueblo entonces dijo a Samuel: ¿ Quiénes son lo que decían: Reinará Saúl sobre nosotros? Dad nos esos hombres, y los mataremos.

13Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy ha obrado Jehová salud en Israel.

14Mas Samuel dijo al pueblo: Venid, vamos a Gilgal para que renovemos allí el reino.

15Y fue todo el pueblo a Gilgal, e invistieron allí a Saúl por rey delante de Jehová en Gilgal. Y sacrificaron allí víctimas pacíficas delante de Jehová; y alegráronse mucho allí Saúl y todos los de Israel.

Sobre 1 Samuel 11

¿Qué pasa aquí?

Naas el amonita sitia Jabes de Galaad y ofrece condiciones de rendición humillantes: sacarle el ojo derecho a cada uno. La noticia llega a Gabaa. El Espíritu de Dios viene con poder sobre Saúl; él despedaza unos bueyes, envía los pedazos por todo Israel como llamado a las armas y reúne a 330.000 hombres. El sitio se rompe. El pueblo quiere ejecutar a quienes habían dudado de Saúl, pero Saúl muestra misericordia. Samuel convoca una asamblea en Gilgal para renovar el reino.

¿La idea principal?

La crisis revela el carácter. El primer acto de Saúl como rey es una liberación militar seguida de misericordia, y es la mejor versión de él que llegamos a ver.

Una línea para recordar

13: "Y Saúl dijo: No morirá hoy ninguno, porque hoy ha obrado Jehová salud en Israel." En este momento Saúl señala lejos de sí mismo. No durará.

El contexto

Hacia el año 1049 a.C., al otro lado del Jordán. Jabes de Galaad tiene una larga historia en Israel; la tribu de Benjamín tenía un vínculo especial con esta ciudad. La oferta de Naas de cegar a todos era una humillación militar común. La intervención de Saúl es exactamente lo que los ancianos esperaban que hiciera un rey.

¿Quién aparece?

Saúl en la cumbre de su poder: decidido, feroz, magnánimo; Naas el amonita, cuya crueldad provoca la crisis que hace a Saúl rey en la práctica y no solo de título.

Por qué importa

Esta es la historia de éxito inaugural de la monarquía, y sigue exactamente el patrón de los jueces: crisis, capacitación del Espíritu, liberación. La tragedia es que Saúl olvidará este modelo.

Para cuando sientes...

La misericordia del final es inesperada y conmovedora. Un hombre que acaba de despedazar bueyes para convocar a un ejército les dice a sus partidarios que no maten a los escépticos. Esa generosidad hace más difícil de ver lo que viene después.